alimentándonos de oxígeno

con sus raíces entrecruzadas

entre hermanos de otros frutos 

y de innumerables usos;

moviéndose más lento

para entonces quedarse más tiempo,

y enfriarnos la tierra con sombras 

atrapadoras de brisas, 

y de mariposas en busca de caricias...

Muchos vivimos esperando milagros. Esperando que pase algo extraordinario que cambie nuestra vida para siempre. Pero la verdad de la verdad es que, nosotros somos los creadores de nuestros propios “milagros”. Al igual que somos los creadores de nuestros propios “problemas”. Quizás ya no los llames milagros cuando te des cuenta de que tu actitud y tu proactividad y tu perseverancia, fueron las que cosieron, puntada a puntada, ese gran acontecimiento. Quizás ahora le llames logros. La otra otra verdad es que hay milagros que pasan todos los días, cada minuto, cada segundo, pero pasan desapercibidos si no te fijas; si no estás despierto;  si no te permites sentir; si no te estás dejando llevar. Y cuando quieras fijarte, te darás cuenta de que siempre estuvieron ahí; de que pensaste que eran acontecimientos irrelevantes, pero ahora notaste que son capaces de amoldar tu punto de vista; de que no son milagros, sino la vida misma.